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¿Por qué vivir en Medellín?

La respuesta corta es simplemente: porque es un vividero singular. Se puede vivir en muchas partes, con distintas temperaturas y topografías, vecinos y vistas.  Son muchas las opciones, dependiendo de lo que se quiera, y el barrio que se escoja. En este artículo nos ceñiremos solo a algunas.

En Medellín se puede vivir en un barrio de estrato alto, en un barrio tradicional, en el centro de la capital antioqueña o en las afueras.  Sin embargo, los riesgos son muchos por doquier.   

Para quienes gustan de estar en estratos altos, los barrios El Poblado y Laureles son los ideales.  En el Poblado, en la parte alta, se puede disfrutar de una zona más campestre, en donde todavía hay algunas casa-fincas o de algunas cedieron el paso al crecimiento de la ciudad para convertirse en lujosas urbanizaciones de casas o edificios.  

En la mañana se corre el peligro de ser despertado por gorriones, sinsontes, loras y guacamayas multicolores.  Se respira aroma natural por la gran vegetación y el clima es más fresco con los vientos que bajan de la montaña.  

 

En la parte baja de El Poblado, lugar del primer asentamiento español en la época de la conquista, se encuentra una oferta variada de suntuosos hoteles, hospedajes, restaurantes de toda índole, cafés, bares, discotecas, supermercados, iglesias, colegios y centros comerciales.  

Recorriendo el barrio a pie, se logra ver a los cientos de turistas, que han hecho de ésta su casa (temporal o definitiva), disfrutando de las amplias aceras en donde a lado y lado van dándole gusto a sus sentidos.  

Se pueden ver tiendas de ropa exclusiva, restaurantes con sus mesas al aire libre que liberan toda clase de exquisitos olores que se entremezclan con los del café, el mejor del mundo, y con los perfumes de los apuestos hombres y las hermosas chicas que deambulan por el sector.  

Si se quiere dar rienda suelta al paladar, la oferta gastronómica es vasta y para todos los gustos.  Comida internacional, local, comidas rápidas, postres, panadería fina y pastelería satisfarán al más exigente comensal.  

Por otro lado, a unas cuantas cuadras se cuenta con una amplia oferta de servicios bancarios, de agencias de viajes, notarias, farmacias, cambio de divisas y demás.  La gran amenaza aquí es que no extrañe nada de su país. 

Por otro lado en Laureles, un barrio de casas grandes y calles espaciosas que se deja recorrer con facilidad, podrá encontrar tranquilidad y seguridad a unos cuantos minutos del centro de la ciudad.   La oferta de servicios múltiples es abundante y suficiente.  Con varios parques, ciclo-rutas, buenas aceras, parqueaderos, complementan las necesidades de cualquier ciudadano del mundo. 

 

Si se quiere sentir el ambiente de barrio, de casas cómodas pero sencillas, de gente del común, son muchas las alternativas, entre ellos vale la pena mencionar a Belén, La América, La Floresta, Carlos E. Restrepo, Suramericana, Conquistadores, San Joaquín, Buenos aires, Ciudad del Río, San Diego, entre muchos otros.  

En estos sectores, a la vuelta de la esquina, se consigue cuanta cosa necesita una persona a pie para vivir, porque los vecinos son el tendero, la modista, el ferretero, el mecánico, el peluquero, el ebanista, el panadero, el carnicero, el pizzero, la cocinera, el sacerdote, la enfermera, el farmaceuta, el policía, y el carpintero. 

En estos barrios a dos cuadras a la redonda encontrará  pequeños negocios en donde muy amablemente lo atenderán sus respectivos dueños.  

No tiene que viajar al centro de la ciudad prácticamente para nada.  Pero si por casualidad lo necesitara, la oferta de transporte público es suficiente y eficiente. De nuevo, hay peligrosidad inminente de que se quiera quedar a vivir aquí en Medellín por el resto de sus días. 

 

Si prefiere estar en el centro de Medellín o muy cerca, los Barrios Boston y Prado Centro son la opción.  En estos barrios tradicionales de casonas de principios del siglo XX con arquitectura republicana y que varias son patrimonio arquitectónico de la ciudad, se encontrará con un distrito que se niega a la modernidad y que a cinco minutos del centro ofrece una gran alternativa para vivir y disfrutar de las casas de techos altos, de muros de bareque, de tejas de barro, de patios grandes, de puertas y ventanas alargadas que miran al cielo, de espacios generosos, baldosas de colores rojas, amarillas y verdes con diseños únicos.  

Algunas de esas casas se han convertido en institutos, centros de salud, pequeños teatros, restaurantes, cafés, y oficinas por la holgura de su interior.  Lo interesante del centro es que aún para muchos es muy importante ese contacto con la zona en donde se asientan la administración municipal y departamental, los grandes museos, las oficinas principales de empresas y bancos, los edificios emblemáticos de la ciudad, las bibliotecas y otras entidades relevantes.  

Lo más importante es que es la zona donde se mueve el mayor comercio de la ciudad.  Lo que no se consiga en el sector, no se consigue en el país.  Aquí se puede sufrir un accidente: el de ser cautivado por una metrópoli llena de historia y de tradición. 

 

Por último, otra alternativa que toma cada vez más relevancia, es la vida en las afueras de la ciudad.  Barrios, veredas o municipios que están adheridos a la Capital pero que todavía toman cierta distancia en cuanto a contaminación de la ciudad, congestión y ruido.  Estos son Santa Elena, San Cristobal, San Antonio de Prado, El Retiro, Llanogrande, Rionegro, El Escobero y Las Palmas.   

En estas regiones, que se ubican a tan solo treinta o cuarenta minutos del centro de la metrópoli, se respira un mejor aire, la temperatura es más baja, la panorámica del Valle del Aburrá es espectacular, la gente es afable, se oye el canto de los pájaros, se ven correr las ardillas y la vida es más tranquila en general.  

Allí, se puede vivir una vida más de campo, estando a tan poca distancia de la gran ciudad.  Hay senderos para caminar y disfrutar, hay fuentes de agua, el firmamento es más azul, se pueden apreciar mejor los amaneceres y los atardeceres y el cielo es más estrellado.  Se pueden conseguir pequeñas fincas donde se puede tener un bello jardín, porque es un ambiente propicio para la floricultura, se pueden tener mascotas, gallinas, una huerta y hasta una vaca lechera.  

En Santa Elena, un corregimiento localizado en el oriente de la ciudad, en donde las flores brotan como maleza y en donde se elaboran las silletas más formidables que se presentan en la Feria de las Flores, la vida anda a un ritmo menos acelerado.  

La gente es agradable, sonriente y ofrecen un café o una “aguapanela” a cualquiera, porque todos son bienvenidos en sus casas.  Los domingos se puede disfrutar de un mercado campesino con una gran oferta de legumbres, frutas frescas y a muy buenos precios.  

 

Recorrer ese mercado es alimentar el ojo con diversas formas y colores y al olfato con las fragancias del olor campesino y de productos recién arrancados de la tierra.   

En San Antonio de Prado, corregimiento ubicado en el sur occidente de Medellín, la vida gira alrededor del parque principal, en donde la gente de las veredas sale a ofrecer sus productos y a abastecerse de otros. 

Los domingos son los días ideales para encontrar una gran variedad de productos de las granjas de los alrededores.  El parque es el sitio de encuentro por excelencia, después de las labores de la larga semana y la oportunidad para asistir a misa, o bien encontrarse con amigos para compartir un café, una cerveza o un aguardiente, que no se le niega a nadie.  

En San Cristobal, la plaza principal es también el centro de la congregación de la gente de la región.  En este punto de encuentro, se pueden poner al día sobre las noticias de la semana, así como también proveerse de todos los artículos para la siguiente semana o simplemente se pueden degustar unos buenos fríjoles o una arepa de chócolo acompañada de chocolate bien caliente.  

En esta parte hay muchos caminos para recorrer y es puerta de entrada al occidente del departamento de Antioquia y de las vías que conducen a otras ciudades del país.  La región crece hacia esta parte porque aún se dispone de tierras habitables. 

 

En Las Palmas, a unos diez minutos de Medellín, por una vía de doble calzada, se vive por lo alto.  La vista panorámica de la gran ciudad es fabulosa y los alrededores están llenos de verdes, mientras que la mirada se proyecta porque el paisaje se amplía.  

Es el polo de desarrollo que une al Valle de Aburra con el Valle de Rionegro y donde se han venido construyendo bellísimos proyectos de unidades residenciales de casas con diseños modernos que aprovechan al máximo el entorno.  Es la puerta de entrada al oriente del departamento con unas montañas azules, un cielo despejado, vientos suaves, tierra fértil y gente noble. 

Según la Annual Global Retirement Index del 2019, Colombia es el sexto mejor país para vivir como jubilado.  Y en la encuesta del 2020 de percepción sobre la calidad de vida realizada por la Red de Ciudades Cómo Vamos (RCCV), Medellín es la mejor ciudad para vivir por tres años consecutivos.

Esta urbe, la segunda del país, según Orlando Sentinel, es la más premiada por ser la “Ciudad más transformadora del año en la edición 22 de los Premios de Negocios Bravo, considerados los ‘Óscar’ de los negocios latinoamericanos”, recibió el ‘Lee Kuan Yew World City Prize 2016’, considerado el máximo galardón del urbanismo en el mundo”.  

Como si fuera poco,  “fue elegida como el mejor destino ‘para darse una escapada’… Por otro lado, recibió el premio Mobil Prize en la categoría ‘Ciudad emprendedora’” y, la ciudad más innovadora del mundo en el 2013, otorgado por El Urban Land Institute (ULI).  “En 2015, The National Geographic la seleccionó como uno de los 20 mejores lugares para visitar, y además fue incluida entre las 10 mejores ciudades para invertir en América Latina, por la revista Forbes México.” 

 

Por donde se mire, en Medellín y sus alrededores la vida brota llena de aves, flores, frutas, verduras, mujeres bellas, gente cordial y pujante.  

Como puede verse, aquí encontrará la posibilidad de un buen paseadero o un mejor vividero, sin embargo, Medellín es un municipio lleno de inseguridad: tiene el riesgo de enamorarse, existe la exposición a amañarse y lo más riesgoso es que nunca más quiera volver a salir de ella.  

Escrito por: B.E.O. 

05/06/2020

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